Hay fechas que forman parte de la memoria de una ciudad. Y hay escenarios que, con el paso del tiempo, adquieren una dimensión que trasciende cualquier explicación. Hoy, 28 de agosto, Adrián de Torres será protagonista de uno de esos momentos.
El torero de Linares se vestirá de luces en la habitación en la que Manolete se vistió el 28 de agosto de 1947, horas antes de hacer el paseíllo en la plaza de Santa Margarita, en aquella tarde que quedó para siempre ligada a la historia de Linares y de la tauromaquia.
Desde entonces, ningún torero ha vuelto a vestirse allí. El motivo tiene una explicación: aquel mismo año, el hotel fue vendido y el edificio original dejó de prestar servicio como tal, pues se convirtió en un inmueble privado que no ha sido reformado desde entonces. Los toreros que posteriormente se han vestido en una habitación con el mismo número lo han hecho en el nuevo edificio, contiguo al antiguo, pero no en la estancia original en la que Manolete se preparó para aquella fatídica tarde.
Por eso, lo que sucede hoy tiene un carácter verdaderamente excepcional. Adrián de Torres será el primer torero que vuelva a vestirse en esa habitación desde Manolete. Una circunstancia histórica que adquiere todavía mayor significado por producirse precisamente el día en el que Linares celebra a su patrón, San Agustín.
No será un día cualquiera para el torero linarense. Tampoco para una ciudad que cada 28 de agosto vuelve la mirada hacia una de las páginas más trascendentales de su historia. Adrián de Torres llega además a esta fecha en un momento de plena madurez, después de una trayectoria que le ha llevado a triunfar en su tierra y a protagonizar importantes actuaciones en plazas y citas de relevancia.
Y esta tarde, antes de hacer el paseíllo en Santa Margarita, tendrá que atravesar una puerta cargada de historia. La misma habitación que hace 79 años acogió los últimos preparativos de Manolete volverá a contemplar a un torero, esta vez de Linares, vistiéndose de luces.
El destino ha querido que sea Adrián de Torres, un 28 de agosto y en el día grande de Linares, quien vuelva a encender la luz de una habitación que llevaba casi ocho décadas en silencio.

