La fiesta continúa, de momento: Alvise se queda sin escaño pero suma más de 105.000 votos en Andalucía

La formación populista de derechas logra un 2,5% de los votos en Andalucía y se sitúa como sexta fuerza política

Alvise Pérez, en una imagen, en una comparecencia de Se Acabó la Fiesta.
Alvise Pérez, en una imagen, en una comparecencia de Se Acabó la Fiesta.

Se Acabó la Fiesta, la formación política fundada por el polémico Luis ‘Alvise’ Pérez, no ha logrado representación en el Parlamento de Andalucía tras las elecciones autonómicas celebradas ayer 17 de mayo. La fiesta, por tanto, el sevillano Adrián Yacar no entra en San Telmo. Pero tampoco conviene apagar la música demasiado pronto: el partido ha conseguido 105.761 votos en su primera participación en unos comicios autonómicos andaluces.

El dato, traducido en un 2,5% de los votos, no sirve para obtener escaño, pero sí para dejar una advertencia política sobre la mesa. Se Acabó la Fiesta se convierte en la sexta fuerza política de Andalucía, solo por detrás de los partidos que sí han conseguido representación: PP, PSOE, Vox, Adelante Andalucía y Por Andalucía. No es poder institucional, pero sí ruido electoral. Y en política, el ruido bien administrado te permite ser tema de conversación.

El fenómeno Alvise se mueve precisamente en ese territorio: el de la protesta, el enfado, la consigna fácil y la promesa de soluciones contundentes a problemas complejos. Su partido se presenta como una fuerza derechista de corte populista, con un discurso diseñado para entrar por la puerta grande de las redes sociales antes que por los pasillos de la política clásica. Una de sus propuestas más llamativas es el despropósito de construir una cárcel al estilo Bukele, como si España tuviese algo que ver con El Salvador. Pero queda bien en los titulares, que es más de medio programa electoral.

En la provincia de Cádiz, Se Acabó la Fiesta obtuvo 16.770 votos. La cifra tampoco se traduce en representación, pero apunta a una bolsa de electores que no encaja del todo en los moldes tradicionales de la derecha ni en los de la abstención resignada. En Algeciras, el partido logró 2.030 votos y se situó como quinta fuerza más votada, un dato especialmente significativo en una ciudad donde el malestar social, la frontera, la seguridad, el narcotráfico y la sensación de abandono institucional son ingredientes habituales del clima político.

La pregunta es si esos votos son una anécdota de coyuntura o el primer aviso de algo más estable. Ahí está la clave. Porque Alvise no ha conseguido lo que buscaba en términos parlamentarios, pero sí ha demostrado que existe un espacio para una política basada en el desahogo, la impugnación del sistema y la estética del “todos contra mí”. Dicho en cristiano: no ha entrado en el Parlamento, pero tampoco se ha ido a casa con las manos vacías.

Hay, además, un detalle extraño en la campaña: Alvise no participó personalmente en los últimos mítines, pese a ser la cara visible del proyecto. En una formación tan personalista, esa ausencia siempre tiene una explicación. Puede leerse como una decisión táctica, como un repliegue calculado o, simplemente, como una forma de no quedar demasiado asociado a una previsible derrota. En política, ya se sabe, cuando el líder no aparece en la foto final, alguien acaba preguntando quién apagó las luces.

El resultado deja a Se Acabó la Fiesta fuera del Parlamento andaluz, pero dentro del mapa político. No manda, no condiciona mayorías y no tendrá escaño desde el que convertir sus consignas en iniciativas. Sin embargo, sus 105.761 votos en Andalucía obligan a observar el fenómeno con atención. Porque la fiesta, de momento, no ha terminado. Simplemente se ha quedado en la puerta, mirando quién entra y quién sale.