La historia de Diario Área en Ceuta está unida desde hace décadas a la figura de Ramón Pouso, periodista, antiguo delegado del periódico en la ciudad autónoma y protagonista de una trayectoria marcada por el periodismo, la persecución política, una condena a muerte, el exilio y, finalmente, la construcción junto a su familia de una nueva vida en el Monte Hacho.
Su hija, Soraya Pouso, y el consejero delegado de Área, José Antonio Gómez-Rubio Amado, han reconstruido desde dos perspectivas diferentes una historia que conecta Tetuán, Tánger, Ceuta y el Campo de Gibraltar y que permite recuperar una parte de los orígenes del propio periódico.
Soraya Pouso recuerda a su padre como un periodista que trabajó con numerosos medios y que mantuvo una vinculación especialmente estrecha con Diario Área, donde ejerció como delegado en Ceuta durante la década de los 80.
“Siempre fue muy feliz o, al menos, se sintió muy cómodo con Diario Área”, explica.
Entre los nombres que Ramón Pouso recordaba de aquella etapa estaban José Téllez y Jesús Melgar, compañeros con los que compartió algunos de sus años vinculados al periódico.
Pero la relación entre Ramón Pouso y Área había comenzado mucho antes.
Un artículo en Tetuán y una condena a muerte
Soraya sitúa uno de los episodios fundamentales de la vida de su padre en 1957.
Ramón Pouso había fundado un periódico en Tetuán y publicó un artículo relacionado con las condiciones económicas de los militares destinados en el antiguo Protectorado, defendiendo que no debían percibir una paga inferior a la de quienes se encontraban en la Península.
Aquella publicación, según relata su hija, provocó la apertura de una causa contra él por injurias y traición a los tres ejércitos.
La historia conservada por la familia Gómez-Rubio añade un elemento todavía más grave. Según explica José Antonio Gómez-Rubio Amado, Ramón Pouso llegó a ser condenado a muerte.
Pouso abandonó entonces aquel entorno y terminó en Tánger Internacional, donde posteriormente conocería a la que sería su esposa, natural de Arcila.
Gómez-Rubio Amado recuerda a Ramón como uno de los periodistas republicanos que desarrollaban su actividad desde Tánger, entonces ciudad internacional, en un contexto político extraordinariamente complejo.
Fue precisamente durante aquellos años cuando su camino se cruzó con el de Antonio Gómez Rubio, fundador de Área.
Manuel Fraga Iribarne y la mediación para salvar a Ramón Pouso
La intervención para cambiar el destino de Ramón Pouso constituye uno de los episodios más singulares de esta historia.
Según relata José Antonio Gómez-Rubio Amado, Antonio Gómez Rubio movilizó sus contactos para conseguir que la pena de muerte de Ramón Pouso fuese conmutada.
En aquellas gestiones desempeñó un papel relevante Manuel Fraga Iribarne, que posteriormente sería ministro de Información y Turismo.
Gómez-Rubio Amado atribuye a la mediación de Fraga una importancia decisiva para lograr el indulto de Ramón Pouso y permitir que pudiera regresar a territorio español.
La solución, sin embargo, tenía una condición extraordinaria.
La pena de muerte fue conmutada y Pouso podía volver a España, pero únicamente a la España no peninsular. Según el relato de Gómez-Rubio Amado, no se le permitió regresar a la Península y terminó estableciéndose en Ceuta.
El consejero delegado de Área señala que, según la historia transmitida en su familia, Ramón Pouso nunca volvió a pisar la Península.
Para Gómez-Rubio Amado, aquel episodio refleja hasta qué punto el ejercicio del periodismo podía implicar riesgos personales extremos durante aquellos años.
“Eso era de verdad periodismo y eso era de verdad jugarse el tipo”, resume.
La rotoplana comprada al diario de Pest
La historia de Ramón Pouso coincide además con uno de los momentos decisivos para la transformación de Área en un periódico diario.
Antonio Gómez Rubio necesitaba disponer de maquinaria propia para que el periódico pudiera imprimirse diariamente y dejar de depender de talleres ajenos.
La solución apareció al otro lado del Estrecho.
Según recuerda José Antonio Gómez-Rubio Amado, en aquellos años existían en el norte de África talleres de artes gráficas de enorme calidad, especialmente por la influencia francesa y por la actividad desarrollada durante la etapa internacional de Tánger.
Fue entonces cuando apareció la oportunidad de adquirir la maquinaria de un diario de Pest que había cerrado y puso a la venta su rotoplana.
Área compró aquella rotoplana tipográfica, una maquinaria de grandes dimensiones que resultaría fundamental para poder imprimir el periódico con medios propios.
La compra, sin embargo, no resolvía todos los problemas. Había que conseguir trasladar e importar la rotoplana a España, una operación para la que nuevamente resultó necesaria la intervención de las autoridades.
Y ahí vuelve a aparecer la figura de Manuel Fraga Iribarne.
Según explica Gómez-Rubio Amado, Fraga ayudó a Antonio Gómez Rubio a conseguir la autorización necesaria para importar la rotoplana, dentro de una apuesta por modernizar el periodismo y favorecer el desarrollo de un medio ubicado en una zona especialmente estratégica como el Campo de Gibraltar.
Su intervención queda así ligada, según el relato familiar, a dos momentos fundamentales de esta historia: la mediación que permitió el indulto de Ramón Pouso y las gestiones para que Área pudiera importar la maquinaria necesaria para convertirse en diario.
La incorporación de aquella rotoplana supuso un salto decisivo.
Hasta entonces, Área necesitaba encargar la impresión a terceros, algo especialmente complicado en una época en la que las grandes cabeceras disponían de sus propios talleres y no era sencillo encontrar instalaciones capaces de asumir la producción de otro periódico.
Con maquinaria propia, el proyecto pudo avanzar hacia una verdadera estructura de diario.
De una pequeña terraza al Monte Hacho
Tras poder regresar a territorio español, Ramón Pouso terminó estableciéndose en Ceuta junto a su mujer.
Soraya recuerda también que su padre llegó a cumplir aproximadamente tres meses de prisión en el Hacho antes de poder continuar definitivamente con su vida en la ciudad.
Después comenzaría la semilla de lo que décadas más tarde se convertiría en uno de los establecimientos conocidos del Monte Hacho.
Todo empezó de forma humilde.
Una pequeña terraza donde inicialmente se ofrecían té, tortilla de patatas, croquetas y pinchos fue creciendo progresivamente.
Con los años, la familia incorporó una gastronomía estrechamente relacionada con la cultura marroquí, con platos como el cuscús y la pastela, hasta desarrollar una cocina marcada por el encuentro entre ambas orillas.
Para Soraya, esa evolución refleja precisamente uno de los principios fundamentales que siempre se han defendido en su casa: el mestizaje, la multiculturalidad y la integración.
Ramón Pouso, delegado de Área en Ceuta
La relación iniciada décadas atrás con Área acabaría convirtiéndose en una relación profesional estable.
Ramón Pouso fue nombrado delegado de Diario Área en Ceuta, convirtiéndose en una de las caras del periódico en la ciudad.
José Antonio Gómez-Rubio Amado destaca la dimensión que aquella responsabilidad tenía entonces.
Ser delegado de un periódico suponía disponer de una presencia pública considerable dentro de una ciudad como Ceuta y situaba a Pouso en contacto permanente con la realidad política, económica y social del territorio.
“Hace una labor fenomenal”, recuerda.
Su condición de periodista también lo colocó, según Gómez-Rubio Amado, en una posición especialmente compleja dentro de las relaciones existentes entre España y Marruecos durante aquellos años.
El consejero delegado sostiene que Pouso tuvo que desenvolverse en un escenario donde confluían periodismo, política, diplomacia y los intereses de ambos países.
Un papel que califica de “muy difícil” en una época en la que las consecuencias de la Guerra Civil, el Protectorado y las relaciones hispano-marroquíes continuaban teniendo un enorme peso.
Más de 3.000 periódicos diarios vendidos en Ceuta
La presencia de Área en la ciudad no fue testimonial.
José Antonio Gómez-Rubio Amado recuerda que el periódico llegó a vender más de 3.000 ejemplares diarios en Ceuta.
Los periódicos se imprimían en La Línea de la Concepción y posteriormente cruzaban el Estrecho en barco para llegar cada jornada a la ciudad autónoma.
“Se imprimían aquí en La Línea y se mandaban todos los días a Ceuta”, explica.
El periódico llegó además a dedicar entre cinco y seis páginas diarias exclusivamente a Ceuta, reflejo del peso que tenía la ciudad dentro de su área informativa.
Para Gómez-Rubio Amado, aquello respondía a una concepción periodística que superaba los límites estrictos del Campo de Gibraltar.
Área entendía su ámbito natural como un espacio compartido entre Ceuta, Gibraltar, el Campo de Gibraltar y la Costa del Sol, conectado económica, política y socialmente a ambos lados del Estrecho.
“Ceuta está sufriendo un abandono institucional”
Décadas después de aquella etapa, Soraya Pouso observa con preocupación la situación actual de la ciudad.
La abogada describe un escenario marcado por la incertidumbre social y política y considera que Ceuta atraviesa uno de sus momentos más difíciles.
Durante la entrevista sostuvo que muchos ciudadanos perciben que determinadas situaciones están alterando su vida cotidiana y reclamó que las administraciones afronten el problema con soluciones efectivas.
Pouso distingue esta situación de cualquier intento de criminalizar a las personas migrantes que buscan un futuro mejor.
Ceuta, señala, ha convivido históricamente con la presión migratoria derivada de su situación geográfica, pero considera que existen circunstancias que pueden superar la capacidad de una ciudad de su tamaño.
“Estamos sufriendo un abandono”, afirma.
Su reclamación se dirige tanto a las instituciones españolas como a Europa, argumentando que la condición española y europea de Ceuta debe traducirse también en respuestas institucionales cuando la ciudad afronta situaciones extraordinarias.
Las dificultades jurídicas para gestionar miles de expedientes
Soraya analiza además el problema desde su experiencia como abogada.
Explica que la gestión de miles de personas mediante procedimientos administrativos individualizados plantea enormes dificultades.
Cada solicitud de asilo, cada eventual procedimiento de devolución y cada notificación debe seguir unas garantías jurídicas determinadas.
Pouso pone como ejemplo hipotético la presencia de 10.000 personas y plantea la dificultad de tramitar individualmente semejante volumen de expedientes.
Además, las resoluciones deben notificarse correctamente para poder ejecutarse, algo especialmente complicado cuando las personas afectadas no desean ser devueltas.
A su juicio, confiar exclusivamente en los procedimientos administrativos puede provocar un bloqueo incapaz de resolver el problema de fondo.
“Se tienen que tomar otras medidas”, señala, aunque reconoce la enorme complejidad jurídica y política de encontrar una solución.
Un restaurante convertido también en lugar de encuentro
La vida de Ramón Pouso tampoco terminó al abandonar el periodismo activo.
José Antonio Gómez-Rubio Amado recuerda que el establecimiento levantado junto a su esposa en el Monte Hacho terminó convirtiéndose también en un punto de encuentro para periodistas, intelectuales y personas vinculadas a diferentes ámbitos políticos y sociales.
Para el consejero delegado de Área, aquella historia representa mucho más que la trayectoria individual de un antiguo delegado.
Es también una parte del pasado compartido entre Ceuta y el Campo de Gibraltar y del papel que durante décadas desempeñó el periódico conectando ambas orillas.
Una relación que todavía hoy continúa presente.
La entrevista con Soraya Pouso recupera así la figura de un periodista que atravesó algunos de los episodios políticos más complejos del siglo XX, fue condenado a muerte, vio conmutada su pena, tuvo que permanecer fuera de la España peninsular, consiguió reconstruir su vida en Ceuta y mantuvo durante años una profunda vinculación con Área.
Una historia en la que también aparecen Antonio Gómez Rubio y Manuel Fraga Iribarne, unidos por las gestiones que, según relata José Antonio Gómez-Rubio Amado, hicieron posible tanto el regreso de Ramón Pouso como la llegada a España de aquella rotoplana que resultaría fundamental en la evolución de Área.
“Ramón tuvo un papel importante y se le debe un homenaje, un reconocimiento”.

