
La enfermedad del cáncer le vino muy pronto, demasiado joven. Con 42 años, esta algecireña pasó por la que sigue siendo, una enfermedad estigmatizada, a la que, pocas personas aún se atreven a nombrar y prefieren llamarla una «larga enfermedad».
Pero Loli Haro quiere romper con ese silencio y dar la cara. Como otros muchos enfermos, se enfrenta al cáncer porque no le queda otra. Superación personal, fuerza, coraje…son adjetivos utilizados para definir la lucha de todos ellos, algunos no están con nosotros pero queda su ejemplo por resistir hasta el último momento.
«Pensaba que era un mosquito porque me noté que se me puso rojo pero al tocarlo, me dije: Madre mía», a partir de ahí, la historia de Loli da un giro de 180 grados. «Me fui al centro de salud y el médico cuando me examinó, ya supo que me pasaba. Después en DADISA, pruebas y más pruebas, y en el hospital, la biopsia». Era un cáncer de mama. Ante sí, vértigo por lo que se le venía encima. «Me dijo que la cosa no pintaba bien. Ahora no es como antes, los médicos te lo dicen claro, y se agradece, porque nos sirve para hacernos más fuertes o por lo menos a mí me ha pasado eso, deberé ser una ‘masoca’ porque contra más fuerte me dan, más fuerza saco para vivir que de eso se trata», explica a Diario Area y Cope Campo de Gibraltar.

Así, de la vida, con todas las letras, de eso se aprende con el cáncer, eso dicen los expertos. En el caso de Loli, la dura experiencia le ha dado más ganas de vivir.
Y es que el cáncer se hace dueño y señor de tu vida por meses y años. Loli prosigue con su relato de aquellas fechas marcadas en el calendario con un círculo rojo: «En agosto de 2017 fue la intervención quirúrgica, y la oncóloga me comentó que la ‘quimio’ iba a ser bastante dura porque el cáncer de mama es de los más agresivos pero no hizo falta cortar el pecho». Llama la atención con la normalidad con la que Loli recoge su testimonio. «La quimio era acostarse y vomitar, y vomitar...Mi amiga, a la que le estoy eternamente agradecida, todas las semanas me llevaba al hospital para que me pusieran suero porque no podía ni comer. No sabía si lo podría contar pero al fin y al cabo, sigo viva».
«Del Cáncer se sale, cáncer no es sinónimo de muerte. Enfrente de ti, tienes el abismo, o saltas y te arriesgas, o caes en él»
Un periplo difícil y en la cuerda floja, del que Loli saca un mensaje final con el que hay que quedarse: «Del cáncer se sale, cáncer no es sinónimo de muerte. Enfrente de ti, tienes el abismo, o saltas y te arriesgas, o caes en él». Ella saltó y puede contarlo. «Hay muchas personas que se salvan al igual que yo y tenemos que contarlo, tenemos que ser testimonio».
Testimonio de vida y de fe, «aunque no voy a Misa, creo en Dios, soy cristiana. Te tienes que agarrar a eso, a tu fe, a tu fuerza interior, y a las personas que te rodean, por supuesto. Te das cuenta de la gente que te quiere, cuya amistad es sincera». Y la actitud, «la alegría, el optimismo, el tirar para adelante. En mi cuenta de facebook, tengo fotografías mías con la cabeza calva por el tratamiento. La gente me decía que porqué no me ponía peluca y la verdad, no tengo porqué. Sí que es cierto que cuando iba al supermercado, por ejemplo, había cajeras que no me conocían y me consolaban, me decían: ‘vaya que mal rato, tú tranquila’, y yo a eso siempre contestaba: ‘¿mal rato? ya pasará como pasa todo’. La gente no entiende que es una enfermedad que se puede superar, veía sus rostros con miedo«, explica.

Nunca se tira la toalla con esta o con cualquier otra enfermedad, no es posible la resignación. «Yo quiero estar en la cola de los que siguen adelante, estoy aquí todavía. Tengo muchas cosas que hacer, al Señor le decía que me tenía que salvar, que soy joven».
En esos momentos tan difíciles, ¿a qué nos podemos aferrar?. «A Dios y a las personas que te quieren, y a mi perro. Quieras que no, sacar a mi perro a la calle, a mi me daba la vida, a pesar de ir mareada, con náuseas por la quimio, intentaba seguir con mi vida de la manera más normal posible, no sé como pero así ha sido».
Loli es pensionista por una discapacidad congénita en los brazos, eso puede que le haya ayudado, pese a lo que podría parecer, a capear la adversidad. «Tengo una pensión no contributiva y cuido de mi madre, afectada por un ictus cerebral hace cuatro años y que está impedida. Ver a mi madre sin poder moverse ni hablar, y yo vomitando en el baño, intentando que ella no me viese… ha sido todo muy fuerte».
«Hay que colaborar y contribuir de alguna forma en esto del cáncer. Hablarlo, que la gente sepa que se sale, y ayudarse uno mismo porque si no lo haces, estás muerta y enterrada».
M.Moreno
